martes, 23 de octubre de 2012

ALTERACIONES EN LA ERUPCION DENTARIA


La erupción dentaria es un proceso fisiológico en el que concurren diferentes aspectos.
La odontogénesis, proceso de crecimiento y maduración de los dientes en el seno de las
arcadas dentarias, se engloba en el complejo crecimiento craneofacial.
Simultáneamente a la odontogénesis, se desplazan los gérmenes en las arcadas,
emergiendo en la cavidad bucal y estableciéndose su funcionalidad.
En la erupción dentariase diferencian las fases: preeruptiva, eruptiva prefuncional y eruptiva funcional.
La emergencia dentaria es el momento en que el diente se hace visible en la cavidad oral y se incluye en la fase eruptiva prefuncional.
El desarrollo dentario, la erupción y la emergencia se ajustan a unos patrones similares en todos los dientes pero ocurren a ritmo y con cronología diferente en cada uno de ellos.
Al final de la fase eruptiva prefuncional los dientes contactan con sus antagonistas
estableciéndose la oclusión.
Las normas de oclusión de la dentición temporal son diferentes a las de la adulta para poder interactuar con el crecimiento craneofacial.
Todo este proceso puede tener múltiples alteraciones que se describen, exponiendo las
causas y la afectación que provoca.
La erupción dentaria es, en el ser humano, un proceso largo en el tiempo e íntimamente relacionado con el crecimiento y desarrollo del resto de las estructuras craneofaciales.
Tradicionalmente, se denomina erupción dentaria al momento eruptivo en que el diente
rompe la mucosa bucal y hace su aparición en la boca del niño.
Este concepto es erróneo, ya que la erupción dentaria, en el sentido más estricto, dura toda la vida del diente, comprende diversas fases e implica el desarrollo embriológico de los dientes y movimientos de desplazamiento y acomodo en las arcadas. La aparición del diente en la boca recibe el nombre de emergencia dentaria y, aunque es llamativo para el niño, sólo constituye uno de los parámetros para la evaluación de la normalidad o no del proceso.
El hombre tiene una doble dentición.
La dentición temporal emerge en los primeros años de la vida y tiene una duración limitada a los años en que el crecimiento craneofacial y corporal es más intenso. Progresivamente, los dientes temporales son sustituidos por los definitivos, que
están preparados para durar toda la vida adulta del individuo.
Excluyendo a los terceros molares o muelas del juicio el proceso de erupción y desarrollo de la oclusión dura 13-15 años.
 En este tiempo son numerosas las causas que pueden alterar la normalidad y es por ello que la patología en este campo es muy numerosa y variada, con unas repercusiones de muy diversa importancia
Probablemente la enfermedad mas frecuente en la especialidad es la determinada por la imposibilidad de algunos dientes de hacer erupción en la cavidad oral y se quedan en el interior de la mandíbula o de los maxilares.
La erupción dentaria es un proceso fisiológico que puede ser alterado por múltiples causas congénitas o ambientales.
Incluye todos los movimientos que sufre el diente durante su formación y su vida activa.
La odontogénesis, proceso de crecimiento y maduración de los dientes en el seno de las arcadas dentarias, se engloba en el complejo crecimiento craneofacial.
Simultáneamente a la odontogénesis, se desplazan los gérmenes en las arcadas, emergiendo en la cavidad bucal y estableciéndose su funcionalidad.
En la erupción dentaria se diferencian las fases: preeruptiva, eruptiva prefuncional y eruptiva funcional.
La emergencia dentaria es el momento en que el diente se hace visible en la cavidad oral y se incluye en la fase eruptiva prefuncional.
El desarrollo dentario, la erupción y la emergencia se ajustan a unos patrones similares en todos los dientes pero ocurren a ritmo y con cronología diferente en cada uno de ellos.
Al final de la fase eruptiva prefuncional los dientes contactan con sus antagonistas estableciéndose la oclusión.
Las normas de oclusión de la dentición temporal son diferentes a las de la adulta para poder interactuar con el crecimiento craneofacial.
Todo este proceso puede tener múltiples alteraciones que se describen, exponiendo las causas y la afectación que provoca.

LA EPILEPSIA Y SUS IMPLICACIONES SOBRE LAS ENCIAS


La epilepsia tiene su origen en unos cambios breves y repentinos del funcionamiento del cerebro.
Por esta razón, se trata de una afección neurológica, la cual no es contagiosa ni está causada por ninguna enfermedad o retraso mental.
Algunas personas con retraso mental pueden experimentar ataques epilépticos, pero tener estos ataques no implica necesariamente el desarrollo de una deficiencia mental.
La epilepsia es un trastorno con muchas causas posibles.
Cualquier cosa que impida o distorsione el patrón de actividad neuronal normal puede conducir a la aparición de una crisis epiléptica.
Se ha observado que algunas personas epilépticas tienen una cantidad más alta de neurotransmisores activos (sustancias encargadas de conducir el impulso nervioso entre las neuronas), lo cual incrementa la actividad neuronal.
En otros se ha observado una cantidad baja de inhibidores de dichos neurotransmisores, lo cual también aumenta la actividad neuronal.
En ambos casos aparece la epilepsia.
En la atención odontológica de una paciente con epilepsia es importante reconocer la existencia de posibles factores desencadenantes de crisis epilépticas y se deben tomar todas aquellas las medidas conducentes a su manejo y prevención.
A continuación exponemos los principales factores desencadenantes de crisis epilépticas.
Ansiedad y estrés: es una situación frecuente que se origine el consulta de odontología y se deben tomar todas las medidas de relajación con psicoterapia o farmacología para el control de las misma.
Supresión del tratamiento antiepiléptico habitual.
El hecho de ser sometido a una intervención dental por parte del paciente puede ser interpretado como “que debe suspender el tratamiento”.
El odontólogo debe asegurarse de la correcta administración de los fármacos.
Proceso infeccioso intercurrente, la existencia de un proceso febril puede elevar el riesgo de desarrollar crisis epiléptica.
Privación de sueño, constituye un factor de riesgo epiléptico importante.
Se debe aconsejar al paciente para evitar la privación voluntaria.
Consumo de alcohol o excitantes.
Pueden desencadenar crisis epilépticas e interferir negativamente con la eficacia de la medicación antiepiléptica.
Menstruación: Durante la menstruación se pueden desencadenar crisis epilépticas y de hecho hay algunas crisis que solo se presentan durante la menstruación (epilepsia catamenial).
Hipoglucemia: puede ser de forma aislada un factor desencadenantes de crisis por se incluso en paciente previamente no epiléptico.
En sentido, se debe recomendar todos aquellos medida conducentes a la prevención de situación de hipoglucemia.
Deshidratación: Es otro factor que puede desencadenar crisis sobre todo en niños.
Hiperventilación, de forma mantenida puede desencadenar crisis epilépticas.
En Neurofisiología se utiliza para activar posibles focos epilépticos en el EEG.
Luces intermitentes: La fotoestimulación con una determinada frecuencia de disparo puede desencadenar crisis.
También se utiliza en los Servicios de Neurofisiología para desencadenar crisis o activar focos en el EEG.
Trastorno gastrointestinales puede interferir en la absorción de fármacos antiepiléptico.
Fármacos: Determinados medicamentos pueden ejercer un efecto epileptógeno, especialmente por vía intravenosa y altas dosis entre ellos antibióticos (ciprofloxacino) , analgésicos narcóticos (fentanil, pentazocina, meperidina).
Reflejos específicos, existe algún tipo de crisis de carácter reflejo como las desencadenadas por la deglución, la masticación, etc., que puede presentar durante el acto de la intervención dental.
Recomendaciones antes del inicio de intervención dental.
Es aconsejable realizar una breve historia clínica de las crisis al paciente o acompañante, conocer la existencia de pródromos o aura.
Así como posibles factores desencadenantes de las crisis y medicación antiepiléptica.
En ocasiones, puede solicitarse información complementaria al neurólogo que esté llevando regularmente al paciente.
Se ha de intentar evaluar aspectos generales del paciente; lesiones provocadas por traumatismos o caídas debidas a las crisis epilépticas, efectos de la medicación (alopecia, hirsutismo, rash cutáneos, etc.).
En la exploración bucal se valorará especialmente la existencia de deformidades en cavidad oral, patología en las encías (hipertrofia gingival) y condiciones higiénicas bucales.

¿ QUE ES UNA FISTULA INTRAORAL?


En la rama odontológica la fístula es un canal (en la mayoría de los casos es milimétrico) entre un proceso infeccioso interno del diente y el exterior.
Se entiende por exterior al interior de la boca (encía) y, en casos menos comunes y más complicados, hacia la piel de la cara.
Le evidencia clínica de la fístula es una especie de "punto blanco" o "grano (barro)" que al tocarlo elimina pus.
Este "punto blanco" usualmente se produce luego de pasar por un periodo de mayor dolor o inflamación de la zona.
Al producirse la fístula el pus acumulado en el interior es expulsado (no totalmente) hacia afuera, descomprimiendo y aliviando la zona afectada.
La aparición de una fístula indica la existencia de infección en el hueso.
La fístula es la comunicación de la zona infectada en el hueso con el exterior y se suele manifestar como un puntito rojo o blanco en la encía.
Fístula formada a partir de un absceso dentario apical, propagado a través del hueso alveolar hacia el seno maxilar, suelo bucal, bóveda palatina, vestíbulo oral o piel.
Las causas más comunes de aparición de una fístula son:
·        Una periodontitis apical.
·        Una fisura o fractura radicular.
La periodontitis apical es causada por una pulpa enferma.
A partir de una pulpitis se puede necrosar la pulpa y si no eliminamos el tejido enfermo de la pulpa, antes o después saldrán las bacterias y sus productos de desecho (toxinas) a través de la raíz del diente.
El resultado será la inflamación e infección de los tejidos que rodean la raíz (hueso alveolar y ligamento periodontal), causando una periodontitis apical.
Con el paso del tiempo esta infección se extenderá formándose una fístula.
Fracturas y fisuras radiculares: Un mal pronóstico en endodoncia.
La fractura de una raíz condiciona mucho el tratamiento de endodoncia.
Dependiendo de la localización será viable o no la conservación del diente fracturado.
Las fisuras radiculares son más difíciles de diagnosticar ya que la raíz aparentemente está intacta.
Estas se pueden localizar en el 1/3 inferior, medio, superior o extenderse a lo largo de toda la raíz.
El tratamiento de un diente fisurado con sintomatología (dolor, fístula, absceso) es lamentablemente en muchas ocasiones la extracción.
Una fistula dental debe ser tratada por un odontólogo, puede ser de origen de un diente en mal estado, por lo que es necesario tratarlo.
Si con radiografías se ve un foco muy grande y a la vez hay movilidad dentaria, lo indicado es realizar la extracción.
En los actuales momentos, el dolor de una pieza dentaria o la presencia de una fístula ya no es motivo para sacarse los dientes.
En la cavidad bucal, la mayoría de las fístulas tienen su origen en la necrosis de la pulpa con la consiguiente formación de un absceso periapical o en abscesos de origen periodontal.
Asimismo, un buen número de fístulas en piel en la región facial tienen el mismo origen.
En éste último caso, la O.M.S. las clasifica dentro de los abscesos
Abcesos periapicales con fístula.
Además de la mucosa oral o piel, un absceso de origen dentario puede llegar a drenar en senos maxilares o en la cavidad nasal.
El sitio de drenaje o fístula generalmente se presenta cerca del diente afectado, la mayor parte por vestibular, en la encía insertada.
En ocasiones, cuando la raíz está muy inclinada hacia palatal, el drenaje puede producirse por el paladar.
Sin embargo, en ocasiones es posible observar fístulas que se presentan a distancia de su sitio de origen, por lo que clínicamente se deben de revisar todas las piezas dentarias y estructuras orales.
En el caso de fístulas extraorales de origen dentario, aproximadamente el 80% de ellas se presentan debido a piezas dentarias mandibulares.
Cuando están asociadas a incisivos mandibulares, pueden drenar por el mentón, debajo de éste o en la cara anterior del cuello.
En el caso de que el origen sea un premolar o una molar mandibular, el drenaje se puede presentar a nivel del cuerpo mandibular o en las caras laterales del cuello o en la región inferior auricular.

EL PACIENTE ESPECIAL EN ODONTOLOGÍA


Gran parte de los profesionales cree que la atención odontológica a discapacitados requiere entrenamiento especial y equipo adicional.
Además muchos odontólogos piensan que esos pacientes deben ser hospitalizados para recibir el tratamiento adecuado.
Ciertamente un sector de esa población requerirá hospitalización, sin embargo la mayoría puede ser tratada en consultorio privado por el odontólogo general.
Los odontólogos como profesionales deben considerar a las personas impedidas como individuos con problemas dentales, que tienen además una condición médica particular.
Los factores importantes para el manejo del discapacitado son compresión, compasión y paciencia.
El manejo eficaz de estas personas implica más un cambio de actitud que de técnica.
El odontólogo debe brindar la mejor atención posible a cada paciente de acuerdo con sus necesidades.
Hay dos razones básicas para ello: mejorar la comunicación con el paciente y los padres, y brindar un modelo de actitudes y conductas para el resto del personal.
El odontólogo debe tener un conocimiento activo de la psicología y mucha experiencia práctica, las cuales permitan tratar las ansiedades del individuo normal en las consultas.
En la consulta de un paciente impedido, éstas ansiedades suelen ser mayores.
Debido a una incapacidad para comunicarse o a un impedimento físico, las reacciones del discapacitado ante la situación odontológica suelen ser distintas a las de un paciente normal.
Si el odontólogo no está preparado para éstas reacciones, pueden aparecer sentimientos de tensión e incomodidad, pudiendo aumentar el estado de ansiedad del paciente y hasta provocar temores, lo que resulta un círculo vicioso.
Para disminuir la posibilidad de este cuadro, el profesional debe estar familiarizado con las características comunes del incapacitado y poseer información específica de cada paciente en particular.
Hay que dedicar especial atención al logro de una minuciosa historia médica y odontológica.
La primera cita suele ser la más importante, al igual que con los pacientes normales, ya que preparará el campo para las citas futuras.
Se debe disponer de tiempo suficiente como para hablar con los padres y el paciente antes de iniciar cualquier atención dental, así disminuir la ansiedad de ambos y establecer una buena comunicación con ellos.
Esta demostración de sinceridad e interés resulta vital en el tratamiento.
En la situación de consultorio corriente, la presencia del paciente en el sillón requiere de su consentimiento para ser tratado.
Ni los menores ni los mentalmente impedidos están legalmente capacitados para dar consentimiento, por lo que requieren del consentimiento de padres o tutor.
Los procedimientos siguientes han sido efectivos para establecer la relación odontólogo-paciente y reducir la ansiedad de leste respecto a la atención odontológica:
· Dar breve paseo por el consultorio antes de iniciar el tratamiento para que el paciente se familiarice con el diseño y mobiliario, así reducir el temor a lo desconocido.
· Hablar lentamente y con términos sencillos. Asegurarse de que las explicaciones sean entendidas por el paciente.

· Dar solo una instrucción a la vez. Felicitar al paciente luego de haber finalizado exitosamente una acción.
· Escuchar cuidadosamente al paciente. Los individuos retardados suelen tener problemas de comunicación.
· Mantener sesiones cortas. Progresar gradualmente a procedimientos más difíciles, luego que el paciente se haya familiarizado con el ambiente odontológico.
· Citar a los pacientes discapacitados a primeras horas del día, cuando tanto odontólogo como paciente se encuentran menos fatigados, tanto física como mentalmente.
En caso de impedimento físico en que el paciente se encuentre en silla de ruedas es conveniente atenderlo en ella.
Si es necesario trasladarlo al sillón odontológico, el odontólogo debe preguntar como prefiere que se lo traslade.
El odontólogo debe hacer un esfuerzo para mantener la cabeza del paciente estabilizada durante todo el tratamiento.

sábado, 20 de octubre de 2012

HABLEMOS ENTRE DIENTES : " MEDIDAS PREVENTIVAS EN LA ODONTOLOGÍA"




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LOS GOLPES EN LA CARA Y SUS CONSECUENCIAS


Cuando los niños comienzan a pararse y a gatear, aumenta el riesgo de que se caigan y golpeen.
Aparte de las lesiones traumatológicas, que son de fácil detección pues causan un fuerte dolor al niño y un impedimento inmediato de realizar sus actividades con normalidad, existe una serie de accidentes cotidianos que son necesarios de reconocer y evaluar para tomar la decisión adecuada, ya sea la atención oportuna en el hogar o bien el traslado inmediato a un centro asistencial.
Hay que estar atentos también a los golpes que se producen en los jardines infantiles, en la hora de los recreos especialmente y en las piscinas y plazas, donde es común que los pequeños se caigan de los columpios o resbalines.
Los accidentes que afectan los dientes son muy frecuentes e incluyen, en la mayoría de los casos, a los incisivos superiores.
Este tipo de traumatismo no se debe descuidar, aunque se trate de los dientes deciduos, que serán sustituidos por los permanentes.
A pesar de ser provisionales, los dientes deciduos son útiles para la masticación, permiten la correcta pronunciación de algunas consonantes y sobre todo, tienen la función de servir de base a los dientes definitivos favoreciendo su correcto posicionamiento.
Si sufre alguna luxación...
Se habla de luxación cuando el diente afectado por el golpe se desplaza de su posición natural.
La luxación se define como “intrusiva” cuando el diente se desplaza hacia dentro del alveolo en el que se introdujo y por lo tanto, parece más corto.
 Se denomina “extrusiva” si el diente se desplaza hacia fuera, es decir, si sobresale parcialmente del espacio que lo aloja.
En ambos casos, hay que acudir al dentista u odontopediatra, para que valore la situación.
Si el especialista lo cree conveniente, tomará una radiografía del diente con el fin de establecer si existe un riesgo de que el desplazamiento del diente deciduo ponga en riesgo la “salida” del permanente.
Si no existe peligro, no es necesario intervenir.
Algunas veces, el diente que se desplazó se vuelve a colocar en su sitio de forma espontánea.
Si se cae...
Como consecuencia de un golpe, es necesario acudir al dentista, para establecer la importancia del golpe y para determinar qué es lo que se hará en consecuencia.
El diente deciduo no se puede reimplantar porque podría obstaculizar el crecimiento del diente definitivo.
No obstante, es oportuno que en el espacio que quedó libre se coloque un diente artificial, que sea sostenido por un pivote que colocará el dentista, con el fin de mantener el espacio.
De esta manera, se resuelve el inconveniente estético y se evita que el espacio se cierre, impidiendo a los dientes definitivos que adquieran una posición incorrecta.
Si se rompe...
No vale la pena recuperar el pedazo roto, dado que no es práctico reconstruir los dientes deciduos.
La intervención requerirá gran colaboración del niño, lo cual no suele suceder.
En cualquier caso, siempre es oportuno que el dentista valore la importancia del golpe con respecto a la pulpa dental e indique el tratamiento más apropiado.
Los antibióticos...
Es posible que como consecuencia de un traumatismo que haya afectado a un diente, en la zona se forme un absceso de pus.
En este caso, es necesario llevar al niño al dentista, quién después de valorar la situación prescribirá un tratamiento con antibiótico.
Algunos especialistas consideran prudente recetar el antibiótico incluso después de la caída traumática de un diente, si la zona se muestra afectada por una lesión.